El foco del entrenador: mirar el problema sin dejar de ver el juego

A veces el entrenador está tan concentrado en corregir una cosa que deja de ver la ventaja que tiene delante.

Analizar es necesario. Corregir también. Pero el exceso de foco puede convertirse en una trampa: cuanto más obsesionados estamos con un problema, más fácil es que dejemos de ver todo lo demás.

En un partido podemos mirar durante veinte posesiones cómo atacar una defensa concreta y pasar por alto que nuestro propio equipo está renunciando a correr, ocupando mal las esquinas o llegando tarde al rebote ofensivo.

Una pregunta de control

Cuando el análisis se estrecha demasiado, ayuda hacerse esta pregunta: ¿qué estoy dejando de ver porque estoy mirando solo aquí?

Corregir sin vivir en el error

Otro hábito peligroso es entrenar con el radar puesto solo en lo que sale mal. Si el jugador solo recibe correcciones negativas, aprende a jugar bajo amenaza. El elogio vacío no ayuda, pero el reconocimiento concreto sí.

  • Corrige el error que bloquea el aprendizaje, no todos los errores a la vez.
  • Señala también la primera vez que aparece el comportamiento correcto.
  • Usa vídeo para confirmar si el problema está donde creías.
  • Alterna preguntas con instrucciones directas según el momento y la edad del jugador.

Una rutina simple

Después de cada entrenamiento o partido, anota tres cosas: una ventaja que el equipo generó bien, un detalle que limita el juego y una decisión concreta para la siguiente sesión. Ese equilibrio evita vivir solo en la corrección y convierte el análisis en acción.

El entrenador que solo detecta errores acaba entrenando miedo. El que detecta comportamientos útiles puede hacerlos crecer.

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